Economía

Historias del barrio: la pandemia los hizo más pobres o más “ricos”

La crisis económica ha traído escasez y oportunidades; las familias dominicanas la viven a su modo

Santo Domingo

Víctor encontró un mejor empleo remoto en la pandemia, pero Mario perdió el suyo y no encuentra otro. Eridania desarrolló rapidamente un lucrativo emprendimiento, pero el de Hipólita va lento y no le alcanza para sus gastos.

Sus casos son ejemplos de las realidades económicas ocasionadas por la crisis motivada por la pandemia del COVID-19 que, según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), ha generado un empeoramiento de la desigualdad en la región.

En los barrios más pobres de Santo Domingo hay historias de desempleo. También, quejas por exclusiones de las ayudas del Gobierno. De hecho, un estudio de Ciudad Alternativa y la Fundación Friedrich Ebert encontró familias en el Gran Santo Domingo que por la pandemia son más pobres y, si antes comían tres veces al día, ahora lo hacen dos o una vez.

La Cepal estima que la pobreza y la pobreza extrema alcanzaron en 2020 en América Latina niveles que no se han observado en los últimos 12 y 20 años, respectivamente. Además, alrededor de 59 millones de personas que en 2019 pertenecían a los estratos medios experimentaron un proceso de movilidad económica descendente.

El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) también observa que las crisis tienen un impacto inequívoco en la desigualdad porque suelen golpear a algunas personas con más fuerza que a otras. Y así le pasó a Víctor, a Mario, a Eridania y a Hipólita.

Historias del barrio: la pandemia los hizo más pobres o más “ricos”
Hipólita Abad organiza los botellones de agua purificada que vende en el barrio para conseguir algún dinero. ( )

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Los electrodomésticos de la casa en venta

Cuando se acabaron sus pocos ahorros, Hipólita Abad vendió dos abanicos de su casa, un televisor, una radio, una lavadora y una licuadora, para poder vivir el día a día con sus cuatro hijos en el barrio Los Guandules del Distrito Nacional.

“Así fuimos sobreviviendo, ingeniándonoslas”, cuenta la mujer de 53 años. Se puso a vender botellones de agua purificada y ahora planifica vender hielo.

Pero sus maniobras no son suficientes. Ella asegura que es más pobre que en 2019. La familia se ha privado de comer pescado y carne de res, para consumir más espaguetis, sardinas y otros alimentos económicos. Al menos es de las beneficiarias del subsidio estatal Supérate, que aporta RD$1,650. “Pero como eso es mensual, se supone que uno tiene que ingeniárselas para uno comer, aunque sea dos veces. Hay veces que también uno se ha acostado sin cenar”, dice Hipólita.

Entre su estrechez, define como buena su situación económica antes de la pandemia, porque trabajaba. Tenía 12 años con un empleo en el gobierno por el que recibía una paga de RD$7,000 al mes. Pero por “reducción de personal”, quedó desempleada.

“Para ellos (sus hijos) esto fue bastante terrible, porque de una situación mejor a una situación peor, ellos se sentían como incómodos y apenados, y como entrando casi en depresión, porque ellos me veían a mí, que yo con ese apuro, que va a comenzar el toque de queda, que no tengo el dinero para comprarles a los muchachos, que cerraron los colmados”, dice Hipólita, que es licenciada en Comunicación Social, pero no ha podido ejercer la profesión.

“Queremos que esto cambie, porque esto no puede quedarse así”, expresa.

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Eridania Hernández emprendió con Ceviches RD y pudo salir de su angustia por la pandemia. ( )

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Su emprendimiento le cambió la vida

En los primeros meses del confinamiento por la pandemia, Eridania Hernández se fue para Moca, a donde sus padres. La incertidumbre la tornó depresiva. Aunque tenía empleo manejando redes sociales y bienes raíces, estaba derrumbada, y más porque el cierre comercial impidió que concretara sus planes de irse a vivir a Punta Cana para gerenciar una empresa.

Su madre la motivó a reinventarse. “Ella me dice: mira, ese ceviche que tú haces, tan bueno, ¿por qué no te pones a comercializarlo?”, recuerda.

La joven, de 28 años, estaba escéptica, pero la idea la inquietaba. Investigó el mercado de ceviches en el país y se dio cuenta de que había mucho por explotar.

“Me puse a investigar qué tipo de envases podía ofrecer; mandé a hacer un logo, mandé a hacer una etiqueta, y al mes y medio de regresar (de donde su madre) ya yo tenía el producto armado”, rememora. Al concretizarlo, invitó a sus vecinos a una degustación y le dieron el visto bueno.

Así, en julio de 2020, inició su emprendimiento Ceviches RD, en la cocina de su apartamento en el Distrito Nacional. Elaboró un menú y creó una cuenta en Instagram para ofertar su producto por pedidos que envía al cliente a través de deliveries.

Como mercadóloga, se movió entre personalidades influenciadoras para que degustaran su plato y lo mencionaran en sus perfiles en las redes sociales y programas.

Eridania tiene un par de socios. Su meta a corto plazo es mudarse a un local. A mediano plazo, vender su producto en supermercados. “A muchas personas les ha ido mal en todos los sentidos porque las despidieron de su trabajo”, dice. “Les recomiendo que se centren en ellos mismos, que miren detenidamente a su alrededor, que hay muchas oportunidades que uno no ve”.

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Mario Brito vive de los trabajos de albañilería que aparecen día a día. ( )

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El hambre se aguanta en el día a día

Cuando comenzó la pandemia en 2020, los administradores de la construcción en que trabajaba Mario Brito suspendieron al personal y los empleados pasaron a cobrar un subsidio estatal. Hasta septiembre él recibió ese limitado ingreso.

Desde ese entonces, depende económicamente de lo que consigue con trabajos eventuales de albañilería, carpintería y otros chiripeos. Sus finanzas -aunque limitadas- pasaron de cierta estabilidad a la incertidumbre.

“Concerniente a la comida, nosotros lo que hacemos es que nos aguantamos, porque el que come, come saludable, eso se llama comer; nosotros lo que hacemos es aguantarnos el estómago”, dice Mario, mientras a su lado lo miran tres de los niños que viven en su casa rentada en Los Guandules. “El pobre de las condiciones mías no tiene oportunidad para decir: voy a comer”.

Al analizar su situación financiera, entiende que su pobreza es más extrema ahora que antes de la pandemia.

“Según me estoy mirando, me estoy considerando más pobre”, reflexiona. “Puedo ver que los artículos de primera necesidad están llevando a un sistema que va a ser inalcanzable para mi condición”.

Él entiende que en la vida hay personas a las que les va mejor “porque no todos tienen la misma capacidad” y hay gente “más emprendedora que otra”.

Mario, de 53 años, estudió hasta segundo de la primaria. “Si hubiera estudiado, quizás hubiese sido otro tipo de persona”, se lamenta. “Entiendo que, a mi edad, ya el estudio viene siendo innecesario”.

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Víctor Garcés encontró un mejor trabajo remoto en la pandemia. ( )

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El trabajo remoto le abrió las puertas

Aunque existía antes de la pandemia, el trabajo remoto se masificó de forma obligada para mantener el distanciamiento físico y evitar el contagio. Al principio, a Víctor Garcés le resultaba pesado cumplir su horario laboral en la habitación donde duerme y pasa momentos de ocio, cuando el banco en que laboraba envió a los empleados del departamento de tecnología a trabajar desde sus casas.

Pero la adaptación a esa modalidad le permitió aplicar a una vacante que abrió una empresa extranjera de su área de trabajo: la industria del software. Al joven, de 23 años, la pandemia le trajo un trabajo completamente remoto y mejor que el que tenía antes.

“Eso (la pandemia) disparó, tanto la demanda para personal del área en que yo trabajo, como la necesidad para otros clientes de digitalizarse”, comenta. “Del mismo modo ha permitido (abrirse) a compañías que anteriormente estaban un poco cohibidas de exponerse a ese medio y permitir que sus empleados trabajaran localmente, por el miedo a que no fueran a ser eficientes”.

Víctor reconoce que cambiar de empleo en plena pandemia al principio le generaba incertidumbre, pero la experiencia remota le dio confianza y ya lleva más de un mes en su nuevo puesto.

“Me hubieran contratado (si no tuviera experiencia remota), ya que la compañía se manejaba así desde hacía un tiempo (...), pero como ahora estamos en pandemia, todo el mundo tiene experiencia trabajando remoto”, expresa.

Intenta no decir que la pandemia mejoró su vida, por respeto a quienes la están pasando mal económicamente. “Pero sí, la pandemia me ha ayudado bastante”, reconoce.

El BID destaca que las crisis anteriores han tenido fuertes efectos negativos sobre los más vulnerables, “pero también han golpeado a las personas de clase media alta, de lo cual se deriva un efecto ambiguo sobre la desigualdad”.

“Sin embargo, las pandemias parecen aumentar la desigualdad de manera inequívoca”, afirma la entidad.

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