Esta pandemia nos enseña a...

Esta pandemia, por más dolorosa que haya sido, tiene su clave y cada ser humano debe descodificarla y encontrar su enseñanza
Santo Domingo
Pasados los 70, Griselda aprendió a manejar todos los paratos electrónicos. (Shutterstock)

Mi abuela decía o no sé si decía, pero estoy seguro hubiera dicho, ella era muy sabia, que todo lado oscuro tiene su luz, que lo feo, su belleza, que la vida era de contrastes, y que yo debía de aprender de todo lo malo o negativo que me sucediera porque en todo había un aprendizaje, una oportunidad para crecer y mejorar.

Ella lo hubiera dicho, estoy seguro. A esta pandemia debo verle su parte positiva, su enseñanza, porque de qué hay una, la hay. Mi abuela desde el cielo me lo transmite.

Esta pandemia me ha confirmado que la vida es muy frágil, un soplo, y que en lugar de perder el tiempo buscando fantasmas o paraísos prefabricados me centre en lo simple y en las cosas que me hacen crecer como ser humano. En lo pequeño está la grandeza de Dios.

“Aprendí a querer más a mi familia”, me dijo un vecino que por más de un año no vi, “trabajo tanto que ni el color de los ojos de mis hijos recordaba”.

Otro me comentó que este virus le había dado una gran lección, había aprendido a entender que la muerte es lo único seguro, a no temerle, y a aprovechar más su tiempo y no perderlo en tantas cosas vanas donde se había enfocado.

“Mira Freddy”, me dijo Griselda, que no es Griselda, pero que podría ser, ella pasados los 70 temía a los aparatos, en el ocio aprendió a manejarlos y se compro un iPad, ahora es youtuber, coloca sus fotos en Instagram y se comunica con sus hijos por Whatsapp o email. “Freddy hasta hablo por Zoom, vencí el miedo a los aparatos, ahora no puedo vivir sin ellos”.

Pedro aprendió inglés en el encierro, por lo menos se expresa muy bien y conjuga todos los verbos propiamente. Milan, a pesar de sufrir una lesión en la vista, pintó los paisajes mas hermosos de toda su vida, resucitó con las acuarelas y después de 40 años sin mostrar sus trabajos hará una exposición en Casa de teatro

Patricia al fin aprendió a rezar el rosario, “lo hice por miedo, me confesó una tarde, no entendía nada y yo que había abandonado todo lo religioso, en el miedo volví a encontrar a Dios. No sé qué me hubiera hecho sin esa luz que llegó a mi vida”.

Mi abuela hubiera dicho que las grandes pruebas generan grandes soluciones y descubrimientos, lo hubiera dicho, les aseguro. Mi abuela era una mujer sabia y aunque ahora está viviendo en su último barrio, imagino que desde donde está me envía sus mensajes al corazón y me inunda de amor hasta desbordarme.

Esta pandemia, por más dolorosa que haya sido, tiene su clave y cada ser humano debe descodificarla y encontrar su enseñanza.

La pandemia me dejó una panza, la barriga más grande de mis últimos años, me propuse bajarla hasta que el otro día en el supermercado una cajera poniendo la boca de cereza me dijo, sin ruborizarse, que nunca antes había visto una pancita tan sexy.

Salí cantando y se me olvidó la compra.

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