No es fácil

Despedirse o despedir entraña desprendimiento, cambio, abandono, lejanía, así lo traduce mi corazón
Santo Domingo
Algunos días, mirando las estrellas en noches preñadas de luz, he llorado de alegría por sentirme parte de este universo lleno de misterios. (Ilustración: Luiggy Morales)

No es fácil. Pensé que con los años esto de las despedidas lo iba a entender mejor, nada mas lejos. Despedirse o despedir entraña desprendimiento, cambio, abandono, lejanía, así lo traduce mi corazón. 2020 ha sido un año donde he vivido grandes pruebas y donde he tenido que seguir aceptando que la vida es dura y difícil pero no por eso deja de ser un aprendizaje.

-¿Aprendemos a qué? -me dijo un amigo adolorido por la despedida de un hijo que a muy temprana edad se le fue de las manos. No tuve respuesta. Frente a dolores tan inexplicables solo me queda el silencio y la mirada al cielo.

Hay tantas cosas que no sé, y que no sabré nunca, tantas cosas que me desconciertan, aturden, descontrolan, heredadas o producidas, que imagino al final de mis días encontraré una explicación o quizás ya no sean necesarias las explicaciones.

Los que quedamos cuando se nos van los amados estrenamos heridas profundas que nos marcan para siempre, algunas serán curadas con el tiempo, otras imborrables que nos acompañarán permanentemente.

Vivir es eso y más. Espero poco en mi tránsito, doy gracias siempre, he vivido, sé lo que es amar, he descubierto la poesía a veces en lo más sórdido, he fracasado muchas veces, fallado y sido débil, he vuelto a empezar y he aprendido a perdonar y perdonarme, he hecho de mi soledad una compañía, he descubierto el milagro de los abrazos, de la ternura, del amor más puro, he presentido el misterio y he tenido consuelo donde menos esperaba.

Confieso que la vida ha sido un constante reto que me obliga a empeñarme a fondo para hacer el camino, he cosechado frutos muy valiosos, la mayoría intangibles, como la esperanza y la solidaridad.

Algunos días he vivido milagros en lo más simple, donde muchos pasan desapercibidos, a veces he conversado con el mar, escuchado sus consejos y, mirando las estrellas en noches preñadas de luz, llorado de alegría por, sencillamente, sentirme parte de este universo lleno de misterios.

Cada ser humano es un nuevo cosmos lleno de sorpresas y posibilidades infinitas de encontrar la presencia de lo divino, esto lo sé.

El otro es una gran oportunidad para crecer, para enseñarnos a ser humildes, desprendidos, virtuosos, y de esa manera acercarnos más a la luz.

Sí, soy creyente. Mi Dios creo que entiende cuando le hablo y como sabe que me gustan las sorpresas ha dejado todas las respuestas para cuando ya no tenga preguntas.

Hubiera querido ser más ingenuo, menos demandante y haber aceptado el enigma más tranquilamente.

Soy un pobre hombre lleno de debilidades, aspirante a la perfección que sabe es imposible.

Camino muchas veces en la oscuridad confiando en la inmensidad, he saltado al vacío y corrido el riesgo de no encontrar más que sombras y silencio.

Con todo y eso, el salto en sí ha valido la pena... vivo ilusionado, sé que quienes han partido me esperan y eso ya es fiesta en mi corazón.

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