Levantando banderas

Vivimos en un mundo convulso. Corren tiempos difíciles. Podemos ser espectadores o podemos aportar con nuestra mejor actitud a que las cosas se faciliten. Para mí, es tiempo de levantar banderas
Santo Domingo
Podemos aportar con nuestra mejor actitud a que las cosas se faciliten. (Ilustración: Luiggy Morales)

Los últimos días han sido muy difíciles. Hemos presenciado con asombro eventos que nos han tocado de cerca y nos mueven a reflexión o a celebración, según el lado de la historia que nos encontremos. No son tiempos fáciles, sin dejar de ser excepcionales para estar vivos.

De las buenas noticias de estas semanas, el huracán Elsa pasó de largo y dejó muchos sancochos en planes. Se le agradece la consideración. Quizás entendió que este pueblo no estaba en condiciones de aguantar lo que llega después que un fenómeno meteorológico nos devasta. Por suerte no atravesó Haití, que generalmente lleva la peor parte.

Observamos consternados el derrumbe de un edificio en Miami Beach con cientos de familias afectadas y docenas de fallecidos. De alguna manera nos vimos en el mismo espejo. Uno asume que en los países desarrollados, los códigos de construcción se respetan y los mantenimientos se cumplen, pero sirvió para demostrarnos que en el fondo todos vivimos con el mismo nivel de vulnerabilidad e incertidumbre.

En uno de esos giros que da la vida, un ex procurador de la Republica pasa de perseguidor a perseguido, mostrándonos con toda su crudeza que el poder es efímero, que la soberbia es mala consejera y que la justicia tarda, pero llega, al menos en algunos casos. Pero con todo y que tenemos “hambre y sed de justicia” no debemos caer en la tentación de festinar lo que corresponde al fuero jurídico. La justicia no puede ni debe ser mediática. Tan malo es que un corrupto se nos ría en la cara con su dinero mal habido, que un inocente vaya preso por los pecados de otros. Por primera vez, y aun con dudas, tenemos esperanzas en que los culpables paguen.

Para finalizar el resumen de estos días de infarto, nos levantamos con la terrible noticia del magnicidio en Haití. Un país que apenas sobrevive entre el caos y la miseria de sus millones de habitantes y la apatía y la irresponsabilidad de otros tantos dentro y fuera de sus fronteras. Estamos demasiado cerca para que no nos salpiquen sus problemas y estamos demasiado involucrados para no ser parte de cualquier posible solución. Me dio mucha tristeza que el asesinato de un presidente en funciones, en su casa, con las consecuencias que se derivan, no haya provocado más de una docena de tweets de condolencias.

Vivimos en un mundo convulso. Corren tiempos difíciles. Podemos ser espectadores o podemos aportar con nuestra mejor actitud a que las cosas se faciliten. Para mí, es tiempo de levantar banderas.

Banderas de solidaridad. Nuestros vecinos y hermanos haitianos son víctimas de un sistema que los ha condenado desde antes de nacer. Muchos viven separados de sus familias obligados a proveer desde fuera de su país, como cientos de miles de dominicanos. Necesitamos un poco de empatía para entender que esta situación los deja peor parados, si eso era posible.

Banderas de oración. Si usted es creyente, este es un buen momento para orar por nuestra nación y por sus gobernantes. Por la gente que no colabora, no cree en la vacuna y anda en la calle buscando pegarle un problema. Por que la situación mejore y muchos negocios puedan levantarse. Por que no perdamos la fe.

Banderas de optimismo. Las vacunas llegaron y siguen llegando, el odioso toque de queda y las medidas de excepción dentro de poco serán historia y algún día contaremos a nuestros nietos cómo sobrevivimos dos años horribles para la humanidad. Dentro de todo, hemos sido afortunados y tenemos muchas razones para dar gracias. Nos sobran fuerzas para seguir luchando por nuestro país y nuestros sueños.

Las señales indican que las cosas van a mejorar y que estamos ganando esta batalla. En las batallas de verdad, el bando ganador coloca su bandera sobre el nuevo territorio conquistado como señal de victoria. Ya yo levanté mi bandera. Espero por la tuya.

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