Psicología

La violencia y la ira, ¿es lo mismo?

  • Tradicionalmente se suele asociar la violencia a un momento de ira, lo cual es una idea errada; airarse es normal, violentar nunca lo será
República Dominicana
La ira es una emoción natural y la violencia es un conjunto de manifestaciones aprendidas. (Freepik)

Tan solo con abrir una red social, un periódico o salir a las calles es más que suficiente para darse cuenta que vivimos rodeados de ira y mucha violencia. Sin embargo, poco sabemos de ellas a pesar de que nos destruyen. Para el neuropsicólogo Oom Blanco, PhD., ambas guardan relación, pero no son lo mismo.

“La ira como emoción básica subyace a todas las manifestaciones de violencia, ya sean de forma directa o indirecta, abierta o pasivo-agresivas. Es importante señalar que la violencia generalmente es un acto deliberado en la mayoría de los casos, mientras que la ira es una emoción básica, de gran intensidad, brusca, tanto hormonal como fisiológica, que no necesariamente se expresa de forma violenta aunque podría pasar”, explica.

Aclara que la ira no es aprendida, nos sirve como mecanismo de defensa ante situaciones de riesgo, tal como ocurre con el asco o cualquier otra emoción. En tanto que la violencia y sus manifestaciones sí se aprenden; son construcciones culturales y sociales heredadas del ambiente.

No se trata de un tema simple, es necesario identificar si como persona estoy siendo manejada por una de ellas o ambas, pero a juicio de este psicólogo, el autoreconocimiento de las emociones es más difícil mientras mayor sea el tiempo de desactivación.

“Es decir toda emoción tiene un pico de intensidad y un tiempo de duración por el consumo de recursos y energía que necesita; es por ello que no podemos estar furiosos mucho tiempo; cuando baja la intensidad de la furia y me torno molesto, esa molestia pude durar días e ir desde la frustración, la amargura, la confrontación, el menoscabo, la venganza, convirtiéndose en emociones secundarias que tienen una construcción social y cultural cuya manifestación violenta o no, varía según el contexto individual”.

El reconocimiento del carácter, del propio temperamento y de las consecuencias que produce en quienes amamos, a menudo suele ser una alerta importante y valiosa, en la que se decide reflexionar y moderar la conducta, muchas veces con ayuda del sistema familiar.

Sin embargo, cuando esta capacidad de reflexión o de reconocimiento no es posible, y aun a veces cuando se reconoce, hay dificultad en el control de impulsos, entonces hay que buscar ayuda con un enfoque de tratamiento integral para aquellas personas que se encuentran en contextos violentos, con el objetivo de mejorar su calidad de vida.

La violencia, una alteración de la conducta peligrosa
La violencia y la ira, ¿es lo mismo?
La violencia nace de la necesidad de dominar sobre el otro. ( )

Ya que sabemos que la ira es una emoción con la que todos nacemos, no podemos considerarla un defecto ni una patología. No así la violencia, que no debe tomar lugar en nuestro interior ni estilo de vida ¡nunca!

Una explicación neuropsicológica de la violencia es que la expresión no autoregulada están presentes en sujetos agresores, sociópatas y carentes de funcionalidad y que manifiestan en especial disregulaciones en el procesamiento emocional, dice Blanco.

El experto hace referencia a ciertas investigaciones que concluyen que las personas que se encuentran inmersas en ambientes de violencia suelen presentar alteraciones cerebrales en la sobre activación de la amígdala, “pero insisto en que es que es un proceso gradual y sistémico en que el organismo no regula o no procesa de forma adecuada, debido al estado intenso de agresión que recibe posiblemente del ambiente, desde su nacimiento, iniciando con el vínculo de apego materno, posiblemente durante el embarazo, la lactancia y desarrollo inicial”. Lo que nos hace deducir que vivimos en una sociedad enferma de violencia.

De manera que si notas que tus días están llenos de ira o has manifestado síntomas de violencia no dudes en detener sus efectos con tiempo y con la ayuda de un consejero o profesional de la salud mental. Enojarse no es malo, siempre y cuando sea un estado temporal y no permanente; practicar la violencia sí es siempre perjudicial para quien la ejecuta y para quien se convierte en receptor de ella.

Comentar/Ver Comentarios