Más de un siglo de atletas, políticos y deportes dominicanos

La maravillosa obra de Gonzalo Mejía, El deporte dominicano y su entorno, se lee con la fruición que motiva una novela. Es sobretodo un hito en la bibliografía del deporte dominicano.

Cuando Gonzalo Mejía publicó la segunda parte de su fabuloso El deporte dominicano y su entorno (Santo Domingo, Imp. Búho, 2020, 651pp.), el mundo estaba aterrorizado por el COVID-19, la pandemia que torció el pulso a los juegos olímpicos que debían celebrarse en Tokio durante el verano 2020 y que sus organizadores inauguraron el pasado 23 de julio con el anacrónico título de “Tokio 2020” para que se recuerde siempre que esa pandemia paralizó al mundo y se llevó millones de seres humanos. Esta podría ser una de las razones por las que su maravillosa historia de los deportes dominicanos y de los atletas que gozaron de una gloria efímera en su época, pasara inadvertida; sin embargo, no se justifica que el primer volumen que cubre de finales del siglo XIX hasta 1963, también pasara inadvertido cuando su ambición era la de situar los deportes con sus atletas sobresalientes en el contexto histórico en que se distinguieron.

Nadie pareció haber reparado en el peculiar y novedoso método de Gonzalo Mejía para contextualizar el deporte cuando comenzó a tomar el camino de la profesionalización en los inicios del tumultuoso siglo XX dominicano; a nadie pareció haberle llamado la atención que Mejía no se enfocara únicamente el las estadísticas deportivas y se extendiera al entono político, económico y social en el que comenzó a echar raíces el béisbol hasta convertirse en el deporte rey de los dominicanos.

Destacado dirigente de la Federación Dominicana de Tenis y selección nacional en los XII Juegos centroamericanos y del Caribe de 1974, Gonzalo Mejía poseía los méritos para que los dos volúmenes de El deporte dominicano y su entorno no pasaran inadvertidos en la bibliografía deportiva dominicana. Se trata, además del riguroso método de las estadísticas, de la cronología histórica de los deportes que se practicaron en Santo Domingo durante la ocupación americana de 1916, de los cuales muchos no figuran en nuestros anales. Es sorprendente saber que en esa época se practicó, además de béisbol y boxeo, tenis, fútbol, básquetbol, gimnasia y ajedrez.

En el confuso gobierno de Horacio Vásquez, el béisbol, como cuenta Gonzalo Mejía en su obra, daba sus primeros pasos para la profesionalización. Ya se contrataban importados. En 1929, debido a la situación política tuvo lugar una confusa situación deportiva: incluso se suspendió el torneo de béisbol hasta 1934. En su cronología histórica, nuestro autor dedica el resto de este primer volumen al deporte durante la Era de Trujillo (1930-1961), época en que evolucionaron grandes glorias de los deportes dominicanos; cuando República Dominicana comenzó a ser considerada en la región una potencia en béisbol. Triunfó en torneos amateurs celebrados en Cuba y Venezuela. Participó en los Juegos Centroamericanos y del Caribe de México en 1954.

Período rico por la historia de cómo se impusieron los primeros dominicanos en grandes ligas; cómo Ruddy Hernández, Osvaldo Virgil, Felipe Alou, Juan Marichal o Julián Javier se establecieron en el béisbol organizado de Estados Unidos.

Gonzalo Mejía contextualiza los deportes dominicanos en esos 31 años de dictadura combinando magistralmente proezas individuales, nombre y fotografías de manera que ese funesto episodio de nuestra historia reciente nos parezca un filme documental.

Desde los inicios de la dictadura de Trujillo, en Santo Domingo jugaron las ligas negras de béisbol de Estados Unido, los Dodgers de Brooklyn, los grandes equipos cubanos de entonces y estuvieron en Santo Domingo los mejores boxeadores de su época: Joe Louis (1949) y Rocky Marciano (1956) en ese afán del totalitarismo trujillista de pretender ocultar el poco respeto a la vida humana con pan y circo.

El segundo tomo de El deporte dominicano y su entorno se extiende de 1964 a 1986, manteniendo el mismo rigor metodológico del primero, pero naturalmente mucho más rico en documentos fotográficos y la aparición de la Dirección General de Deportes, posteriormente Secretaría de Estado. Este volumen parece ser la cosecha natural de los esfuerzos de los atletas dominicanos por conquistar un lugar señero en el concierto de las naciones deportivas con la primera participación dominicana en los juegos olímpicos de Tokio en 1964.

Decía que Gonzalo Mejía ha creado un precedente en el método de historiar el deporte en República Dominicana. Para cualquier adolecente de 1970, leer estos fabulosos tomos de El deporte dominicano y su entorno, por a su valiosa documentación fotográfica, por la relación entre política y deportes, deporte y turismo; por las proezas de nuestros atletas que revelaron al mundo que estábamos, como escribió Pedro Mir, “en el mismo trayecto del sol” y que ya no éramos “el secreto mejor guardado de El Caribe”.

Esta historia del deporte dominicano y su entorno anuncia de manera implícita una tercera parte que cuente las medallas de oro de los Panamericanos de Winnipeg y Perú; de las Olimpíadas de Londres, Atenas y Río; y, además, como si no fuera suficiente, fuimos campeones mundiales de béisbol en 2013. La maravillosa obra de Gonzalo Mejía, El deporte dominicano y su entorno, se lee con la fruición que motiva una novela. Es sobre todo un hito en la bibliografía del deporte dominicano.

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